Hermano Beda: Pensar, reír y llorar como niño

12 Agosto, 2014

En el monasterio, lugar donde este autor e ilustrador de Edebé Chile vive su vocación a la vida contemplativa, dedicada a la oración y al trabajo, es donde también se ha reconectado con sus deseos literarios de la infancia, donde los protagonistas son la creación y la fantasía.

El hermano Beda es un monje benedictino de 35 años, oriundo de Tomé, puerto de la gloriosa región del Biobío. Adoptó este nombre cuando ingresó a la vida religiosa, en 2001, tras un proceso de discernimiento y acompañamiento vocacional. Este momento de su vida lo vivió a la par con la realización de estudios en la carrera Dibujos y Proyectos, en la Universidad “Federico Santa María”, del insigne puerto de Talcahuano.

El itinerario del monasterio del cual forma parte se rige según la regla de San Benito, definida principalmente por la oración y el trabajo. Todos los días se levantan a las 04.00 AM de la mañana para iniciar la jornada con la oración, antes del amanecer. Concluyen el día cerca de las 20.15 hrs., con el rezo de Completas. En suma, dedican siete momentos del día para la oración regular –además de la Eucaristía-, intercalados con las comidas, los trabajos y breves recreos o descansos.

Junto a otros 14 monjes, vive lo que se llama la clausura, es decir, su quehacer se realiza casi todo dentro del monasterio, en silencio –con excepción de los recreos-, alejados del ritmo citadino, procurando buscar lo que Beda explica como la “paz interior”. Leen el diario para enterarse de aquellas cosas de la sociedad civil y de la Iglesia que los mantienen al día de lo esencial; acceden a internet en ocasiones, pero no usan televisión. Si hace falta y por causa de alguna necesidad, salen del monasterio en situaciones especiales.

Conversando con él en el mismo monasterio –situado en la comuna de Las Condes, Santiago- surge la pregunta: ¿Cómo es que un monje de clausura escribe? ¿No parece algo incompatible con su opción de vida y con un sistema que procura tanta oración y trabajo? Cuando responde, queda en evidencia la ignorancia en la pregunta, dado que ha habido y hay destacados escritores entre ellos. Es más, en ciertas épocas los monasterios han sido bastiones de la cultura y del saber gracias al trabajo intelectual de los monjes.

Aún así, a Beda, de igual modo, le surgió la inquietud respecto de la compatibilidad de su opción religiosa con el trabajo en literatura, sobre todo por su afinidad con el mundo de la entretención a través de cuentos para niños, las novelas policiales y la ciencia ficción para adultos. La respuesta llegó cuando conoció lo hecho en literatura por el inglés John Henry Newman, quien, entre sus escritos, también hizo novelas, trabajo que compatibilizó con su vida sacerdotal, ministerio que lo condujo más tarde al servicio cardenalicio en la Iglesia. Es más, en 2010, años después de su muerte, fue declarado santo por la Iglesia Católica.

De pequeño el hermano Beda no deslumbró por sus calificaciones en el colegio. A pesar de ello, tuvo una especial sensibilidad por el mundo literario. A corta edad escribía cuentos, algunos poemas. Durante la enseñanza media se hizo un lector más asiduo, gustando más de las historias. Pero no es hasta que inicia la vida monacal cuando logra dar curso a lo que reconoce como una necesidad vital: escribir. Aprovecha la rica biblioteca del monasterio para hacerse de muchas lecturas, situación que, confiesa, en ocasiones se volvía insaciable. Además, recibió clases de literatura y gramática.

“En los primeros años en el monasterio el tema estaba como en pausa, hasta que escribí unos cuentos cortos y se lo mostré al abad, el superior, y le gustaron; posteriormente se los mostró a una escritora, a quien también le gustaron. Desde ahí me empezaron a animar a seguir en esto”.

En un principio debió encontrar los momentos para escribir, añadiendo horas al intenso itinerario diario, restándole al sueño. Hoy su superior le asegura momentos del día para escribir casi a diario.

Pero no sólo el apoyo de su comunidad ha gatillado en él su trabajo en las letras, sino también la esencia de la vida monacal. “Es bien curioso porque cuando uno entra al monasterio, muchos te dicen que es como volver a la infancia, y uno lo siente, uno vuelve a ser como niño, vuelves a depender de alguien hasta en las cosas mínimas… fue como un proceso también de volver a mis deseos de literatura y de fantasías”.

Beda cuenta que esto de escribir nace también desde dentro, de una necesidad vital que resulta ser incontenible, tal y como lo compartieron a Edebé Noticias autores como Luis Alberto Tamayo o Danielle Ball.

Hacer este trabajo para niños –señala- le ha brotado de forma natural, y lejos de lo que podría pensarse, no le resulta nada fácil. Requiere mucho trabajo y de una sensibilidad especial. “Hay que pensar como niño, reír como niño y llorar como niño”.

Para explicar cómo es su proceso de creación, usa la analogía del caldero, que es donde se prepara una comida especial. Con un libro es algo similar, se utilizan distintos ingredientes, algunos conocidos, otros de fantasía, cosas leídas, cuestiones escuchadas o narradas por otros. “Creo que un escritor es como una caldero al que se le echan distintos ingredientes y resulta una obra”.

Ha publicado siete libros –además de apariciones en revistas y páginas en internet- tres de cuales forman parte de la colección Acuarelas del catálogo Edebé (entre 5 y 7 años):

- “Una lágrima, un durazno”
- “¡Ya sé!” (CRA)
- “¡Ay, perdí mi casa!” (CRA)

De estos tres, los dos últimos forman parte del catálogo del Centro de Recursos de Aprendizaje del Ministerio de Educación (CRA), que recomienda a todos los colegios del país títulos de literatura complementaria para alumnos de todos los niveles.

Tanto estas publicaciones como las hechas con otras editoriales, son posibles de conocer a través de su sitio web: www.beda.cl

Beda es además ilustrador, trabajo que ha desarrollado para algunos de sus propios libros. Con relativa periodicidad actualiza un blog sobre ciencia ficción y/o narrativa fantástica al que se accede desde su sitio: www.beda.cl/blog.

Los textos de literatura infantil que ha creado y que pertenecen al fondo Edebé tratan aspectos profundos y, por qué no, existenciales. Cómo es que todo en el interior de una niña, cuyos padres fallecen, va apagándose, enfriándose (Una lágrima, un durazno);  o cómo un niño distinto al resto, que no ríe, recibe los estímulos de un gorrión que intenta sacarle una sonrisa (¡Ya sé!). También escribió un libro a propósito del mega terremoto de febrero de 2010, una historia de solidaridad de niños con una abuela que pierde todo (¡Ay perdí mi casa!).

Prontamente Edebé pondrá a disposición otro texto suyo: “El libro que quería volar”, historia escrita hace ya algunos años y a la cual le tiene mucho cariño. Narra cómo se forja la amistad entre un niño, asiduo lector, de padre separados, y un libro llamado “El sí”.

Así, el hermano Beda, haciendo el día a día en el monasterio, dedicado especialmente a vivir su vocación religiosa como contemplativo, desarrolla también su vocación literaria, acción que forma parte ya de su trabajo habitual y que es también una ofrenda a Dios, un modo de perseverar en lo propio de su condición de consagrado, porque forma parte de su proceso vital, que lo lleva a sacar fuera lo incontenible, eso “como inevitable”, las historias, los relatos, la fantasía, para compartirlo con los demás.

Fuente: Edebé Noticias

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