Sofía Fauré: "Me interesa que el cuento tenga un sustento que resulte útil para la vida”

18 Septiembre, 2013

Después de alcanzar en 2010 un lugar entre los finalistas del concurso “Barco de Vapor”, Sofía Fauré comenzó a convencerse de la calidad de su trabajo como escritora. Entusiasmada, acudió hasta una editorial para dialogar la posibilidad de publicar su texto, oportunidad que se le daría a condición de que lo acortara a la mitad. Es entonces que llega a Edebé Chile, lugar donde encuentra el respaldo y la valoración de su trabajo.

Desde siempre Sofía ha estado vinculada al mundo del arte. Su padre, Max Fauré, de ascendencia francesa, y su madre, Amalia Valdivielso, le inculcaron especial afinidad por la belleza del entorno natural y material; también por la música, especialmente la clásica. Desde pequeña y hasta los últimos días en el colegio integró el grupo de teatro, por eso, al terminar su enseñanza escolar, estaba segura que su desarrollo profesional sería como actriz o artista visual. Junto con esto, ha incursionado también en el dibujo, la pintura y la artesanía, actividades a las que todavía se dedica, aunque en menor grado.

Ejerce la docencia hace 26 años, en múltiples frentes. Se inició como pedagoga teatral. Ha dado ramos y módulos en colegios, universidades y diferentes instituciones sobre Actuación, Expresión Oral, Literatura Infantil; además dicta talleres de Comunicación Asertiva, técnica que, según explica, permite un mejor desenvolvimiento a aquellas personas que tienen problemas para comunicarse. También capacita a profesores para que logren un mejor desempeño en el aula. Actualmente dedica parte importante de su tiempo a dictar clases de Literatura a estudiantes de Pedagogía en la Universidad de las Américas y en Inacap, actividad con la que busca que sus alumnas se encanten con los libros y aprendan a utilizarlos para su futura labor docente.

Sus primeras incursiones como escritora tuvieron una intención educativa con su hija Antonia, hoy de 13 años. La idea era inventarle cuentos para que comiera con más ganas, hiciera las tareas, o no se aburriera en los viajes. Al contárselos y lograr sus objetivos se daba cuenta que funcionaban. El recurso sirvió además para someter a prueba sus escritos con una adolescente y ver en lo inmediato si las historias funcionan, así que lo sigue utilizando hasta hoy.

En 2001 comienza a tomar talleres literarios con la escritora Marta Blanco, de quien destaca haberla desafiado a superarse en su proceso para adquirir la técnica literaria. Ante las críticas a sus primeros trabajos –en algunas ocasiones bastante directas y duras- las opciones eran dos: dejarse abrumar por el desánimo y abandonar, o desafiarse a sí misma para estimularse a seguir buscando el camino. Las decenas de cuentos para niños y adultos y algunas novelas en las que trabaja, además de su primer libro publicado con Edebé Chile, demuestran una ruta ya encontrada.

“Herbert, la hormiga que quería ser oculista” es su primer libro publicado. La obra fue lanzada en 2012 por Edebé Chile y contó con el trabajo ilustrativo de Fabián Rivas. Pertenece a la colección Tricahue Rojo y está destinada a niños desde los 9 años de edad. En el proceso de creación también sometió los escritos a lectura de su hija, experiencia con la que buscó inculcarle valores que entrega la historia y, de paso, cotejar en lo inmediato el desarrollo de la misma.

Con Herbert Sofía experimenta la satisfacción de comprobar que su trabajo literario iba en la dirección correcta, situación que queda en evidencia cuando en 2010 logra ser una de las cinco finalistas en el concurso Barco de Vapor, presentando este texto. Pero además de esta satisfacción, se da cuenta de que en el mundo editorial los criterios comerciales pueden superponerse al valor del trabajo de los autores. La situación queda de manifiesto cuando se le indica que la historia, para ser publicada, debía ser acortada a mitad, de manera que se le pudieran integrar ilustraciones y así hacerla más comercial. Aún su incipiente trabajo como escritora y la posibilidad brindada, no acepta las condiciones. “Yo creo que un libro que funciona, no puedes cortarlo… En Edebé Jorgelina (Martín) lo leyó y me dijo: ‘Esto está limpiecito, no hay que cortarle nada, déjalo tal cual, no le cambies ni una palabra’. Ahí me sentí valorada y sentí que Edebé no tenía sólo una finalidad comercial, sino que también educativa. Además tienen un respeto y un valor por los autores. Eso es lo que yo quiero, que valoren en mí lo que escribo”.

A las múltiples actividades en la labor docente y artística, Sofía suma además la de ser Cuentacuentos, actividad que está desarrollando con Edebé desde 2012, pero que forma parte de su quehacer desde 2001. Para promocionar algunos cuentos, la editorial acude a los colegios para presentarlos a los niños a través de una técnica oral. Sofía explica que de este modo, son más importantes las imágenes que las palabras, de manera que se hace necesario reescribir el cuento desde la oralidad, respetando, por cierto, al autor. “El libro viene con la imagen, entonces al niño le llega de inmediato. Al hacer un cuentacuentos yo no poseo imagen, tengo que inventarla en las cabezas de los niños a través de mi voz. El trabajo es diferente, por eso adapto el cuento, para encantar a los niños con la literatura”.

Sofía cuenta que la experiencia del cuenta cuentos es tremendamente gratificante. “Los niños están tan agradecidos de que alguien les dedique tiempo, les cuente algo y no les diga `estoy apurado, tengo que ir al trabajo’. La relación que se establece con el público es súper bonita. Termino de contar el cuento y los niños me dicen ‘tía la quiero’. Para las profesoras que ven esto es bien motivador, porque un cuento bien contado hace que puedan tener niños encantados por la literatura”.

Prontamente Sofía lanzará su segundo libro con Edebé Chile, una novela de ficción que se entrecruza con la histórica, en la que un adolescente, sin un padre presente y al que se le acaba de morir su abuelo paterno, se transporta cada noche a otras dimensiones de la historia. El texto narra con habilidad y emotividad los momentos de la partida de un ser querido y las problemáticas de la relaciones madre-hijo adolescente.

Junto al proyecto recién mencionado, Sofía piensa retomar otra novela, comenzada hace algún tiempo, sobre el Alzheimer. Para esta se inspira en la historia de una mujer afectada por la enfermedad cuya nieta no acepta que la abuela sufra este mal. “Es una manera de hacerle ver a los adolescentes que a ese abuelo con Alzheimer hay que regalonearlo, porque se va a ir, y hay que quererlo con esa nueva forma que tiene de relacionarse con la vida. Hay que hacerle cariño y si te va a decir las cosas cinco veces, tú las cinco te das por sorprendido. Hay que aprender a vivir con ellos”.

Sofía concibe su carrera de escritora desde diferentes lugares y modos. Por una parte es casi como un lujo, porque se dedica a sus escritos luego de concretar las varias tareas de su ejercicio docente y también luego de las otras tantas que emanan de su rol de esposa y madre. Al mismo tiempo considera que es un trabajo permanente, del día a día, para dar forma y cuerpo a un primer escrito que, luego de un largo proceso de correcciones, logra convertirse en una buena historia. “Escribir es corregir”, afirma. Y también cree que es una actividad que debe realizar con suma responsabilidad, para procurar siempre entregar valor en sus historias que aporten en el crecimiento y educación de los niños. “No se puede escribir cualquier cosa, hay que hacerse cargo. Lo que enseño y lo que escribo lo hago para algo bueno… Me interesa que el cuento tenga un sustento que le resulte útil para la vida”.

Como ha sido siempre su modo, Sofía se dedica con pasión y dedicación a cada nuevo proyecto que inicia. Aunque la multiplicidad de actividades no le permiten ejecutar todo lo soñado y planificado, siempre hay algo nuevo entre manos. Hoy se ha abocado a aprender una técnica para escribir cuentos que curan las penas de la gente, experiencia que extrajo desde España, y que espera pronto ofrecerla en Chile.

Cada año, con la llegada de la primavera y el verano, Sofía comienza a proyectar un nuevo trabajo literario, al cual puede dedicar tiempo gracias a que baja la intensidad de su labor docente. Como con cada historia, su búsqueda será conseguir un buen relato, hecho con responsabilidad, que atienda el fondo de algunas problemáticas, que reporte aprendizaje a sus lectores, que les ayude a maravillarse de lo grande y pequeño, como ella ha aprendido a hacerlo, y que les reporte valor para la vida.

Fuente: Edebé Noticias

Novedades