Felipe Jordán: Los “dueños de la pelota” son los que leen

29 Julio, 2013

Nunca compres lo que puedes hacer, le oía decir desde pequeño Felipe Jordán Jiménez a su padre, un hombre de trabajo incansable, mecánico tornero. Con este principio fundamental, encarnado y vivido hasta hoy, este autor, ganador ya de tres premios de relevancia nacional, enfrenta su día a día y sus proyectos literarios desafiado por el Mal de Parkinson. La enfermedad fue diagnosticada hace 16 años, una semana antes de que su esposa, Sol Zagal, le contara que esperaban a Florencia, su primera y única hija.

Felipe Jordán es un profesor de Castellano egresado de la Universidad Católica que, por las circunstancias de su salud, debió dejar el aula hace ya unos ocho años. A través de sus nueve publicaciones en literatura infantil -cuatro de ellas con Edebé Chile- ha logrado seguir enseñando y aportando al mundo editorial con textos de calidad, algunos de los cuales han obtenido los premios “Barco de Vapor” de Editorial SM, el Municipal de Literatura de Santiago y el “Marta Brunet” del Consejo Nacional del Libro y la Lectura.

Si bien lee y escribe desde pequeño, no es hasta 2004 que publica su primer libro: “Gato, el perro más tonto del mundo”. La creación del texto no pretendía más que probarse a sí mismo que podía escribir una mejor y más entretenida historia que la del libro dado a leer por el colegio a su hija Flo. “A pesar de ser una muy buena lectora (Flo), no había caso en enganchar con el texto. Me parecía raro, así que agarré el libro, lo leí… realmente era muy malo. No solamente la historia era mala, sino que, desde el punto de vista de la teoría literaria, estaba mal estructurado. Me dije, si publican estas cosas… Entonces escribí un cuento para ver qué podría pasar. Mandé el manuscrito a Edebé, lo revisaron y fue publicado. Desde ahí no paré. Al año siguiente presenté otro relato al concurso Barco de Vapor y lo gané”.

Para crear no hay método, es un hecho espontáneo, asegura Felipe. Sus libros, en algunos casos, han resultado de una idea que lo desvela en la noche y que plasma al día siguiente; en otros, luego de haber imaginado una escena en la que desemboca una historia, o, simplemente, la ocurrencia de un título atractivo. Este primer paso creativo lo distingue del ejercicio de escribir, para la cual sí utiliza un método: buscar el mejor modo para decir aquello que quiere decir, trabajo que demanda gran cantidad de tiempo por las abundantes correcciones. No pretende crear cuentos fáciles para que los niños estén contentos, porque concibe que su aporte es de creación literaria. “Si salen de pocas o muchas páginas me da lo mismo. Lo que busco es decir de la mejor manera lo que quiero decir, la manera más bella, que quede bien hecho.

Es habitual encontrar en los libros de Felipe, apartados, pies de página o parte del contenido de las historias que instruyen al lector sobre temáticas formativas fundamentales. La lectura de “Los Saltimbanquis del Tiempo” (2012), por ejemplo, entrega a los lectores lo básico acerca de Leonardo Da Vinci, Ludwig van Beethoven y del matrimonio Pierre y Marie Curie. “Es algo natural. Si bien no escribo pensando necesariamente en hacer un libro educativo, sino, más bien, en una buena y entretenida historia, creo que cuando se escribe para niños se tiene que, de alguna manera, enseñar algo. Además, es la forma que tengo de seguir siendo profesor, ahora con la ventaja que ya no me tengo que ceñir a una planificación; enseño lo que quiero”.

Todos los personajes de los libros de Felipe tienen algo de él. La profesora “Perla”, por ejemplo, del libro “Y el Joselo se cayó de la luna” -cuento que narra cómo el amor puro entre niños-adolescentes puede convertirse en fuente de transformación de personalidades y realidades-, es la profesora que le enseñó a leer y escribir. Por otra parte, tres de los cuatro libros de Felipe publicados con Edebé Chile tienen a los niños como protagonistas y, en todos los casos, sometidos a situaciones que llegan a ser alta complejidad. La intención, asegura, es mostrar, por una parte, los varios tipos de familia y, por otra, que en muchos casos, los conflictos acompañan desde la cuna

Para Felipe, el fenómeno del poco o nulo hábito de lectura que afecta a la sociedad chilena no es atribuible, necesariamente, a la televisión o internet, sino a una responsabilidad no asumida por los adultos que debieran formar el hábito. La situación se origina –asegura- por una concepción errada de hecho de leer.  “Los que tienen la primera responsabilidad de que los niños lean son los padres, seguidos luego por el colegio, y no la están cumpliendo, por dos razones: porque sobrevaloran la capacidad de leer; lo conciben como un don que reciben algunos pocos elegidos. Si el pobre niño no da muestras de tener el don de la lectura, no se le obliga a leer, porque es hasta cruel, entonces se privilegia su derecho a ser feliz por el derecho de aprender y a superarse. A mí siempre me dicen: ‘que bueno que tu hija salió buena para leer. A nuestra hija le inculcamos la lectura desde pequeña. No es un don…”.

“Por otra parte, la lectura se subvalora. Hay un montón de gente exitosa que no lee, gerentes de bancos, gerentes de empresas, ingenieros; sobreviven, prosperan, ganan harta plata y no leen ni el diario. Sin embargo, la lectura sigue siendo esencial. Si bien el gerente de la empresa puede que no lea nada, el dueño de la empresa sí lee, de eso estoy seguro. Puede que un futbolista exitoso no lea ni lo que aparece el envase del shampoo, pero el dueño del club sí lee… El dueño de la pelota siempre lee”.

Asumiendo el diagnóstico de Felipe acerca de la Televisión de hoy, el cual considera que ya no cumple la función de antaño de estrechar las brechas entre los más y menos favorecidos, se vuelve aún más apremiante la necesidad de que padres y profesores ejerzan la responsabilidad para con los niños de acercarlos amigablemente a los libros. “Recuerdo que cuando era pequeño, a la TV siempre se le llamó la caja idiota; se alegaba porque era mala y fome y porque daba mucha publicidad. Pero la TV de esa época tenía algo que la TV de hoy no tiene ni remotamente: permitía, de alguna manera, acortar la brecha entre el que recibía mejor educación y el resto. Yo he ido dos veces en mi vida al Teatro Municipal, sin embargo, conozco todas las grandes óperas y conciertos, porque las vi en la tele. Para qué decir el cine: ‘Cine en su Casa’ y ‘Tardes de Cine’”. 

Con gusto, ganas y alegría Felipe enseñó durante 10 años en diversos colegios de Santiago. Pronto se cumplirá otra década desde que debió dejar el ejercicio de la profesión en el aula. Confiesa que es lo que más extraña. “Una de las cosas que más echo de menos es estar en el aula con los chiquillos, enseñándoles un poco… Nunca fui de los profesores que escuchas con la boca abierta, pero sí sabía de lo que estaba hablando y de eso se dan cuentas los cabros. Es esencial que un profesor tenga esa seguridad”.

Este escritor no sólo sigue activo a nivel intelectual. El taller de su casa continúa operando, el mismo donde dio vida a varios de los muebles de su living y a la mesa que preside el comedor de su casa. El progreso permanente y paulatino de su enfermedad y la sensación de un tiempo que se acaba, tensionan una lucha que seguirá dando de la mano de su esposa e hija, cobijado en el consuelo –a juicio de este entrevistador- de ser co-creador de bienes inconmensurables, esos que obtenemos de los libros.

Libros de Felipe Jordán

- 2004 Gato, el perro más tonto del mundo
- 2006 Gallito Jazz (Barco de Vapor y Municipal de Santiago)        
- 2007 El absurdo Oxi
- 2007 El Joselo se cayó de la luna
- 2008 Guerra del bosque (premio Marta Brunet, Consejo Nacional del libro)
- 2009 Una Pollita bohemia
- 2010 El misterio de la cañada (mención honrosa en el Municipal de Santiago, 2011)
- 2011 Los viejos del Fénix
- 2012 Los Saltimbanquis del tiempo

Fuente: Edebé Noticias

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